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La espada y la pluma 2 junio, 2011

Posted by Producción UMH Grupo 19 in Carlos Carpallo Pericás, Grupo 19.
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PRKAPU02/Carlos Carpallo Pericás

El mundo está lleno de historias deseosas de ser descubiertas. Parece fácil pero, para revelarlas, se necesita algo más que tener don de gentes o intrepidez periodística. Ni siquiera la labia es algo indispensable a la hora de realizar una entrevista. Lo realmente importante es poder comprender la situación del entrevistado, ponerse en su papel, conocer el contexto y las circunstancias que le han llevado a esa situación. Una cualidad que muchos creen poseer pero que solo unos pocos pueden gozar en su total plenitud.

Quienes conocieran bien a Kapuscinsky, seguro que confirmaban que saber escuchar era una de sus principales virtudes. Es algo que se nota en sus relatos pues, pese a mostrar una implicación explícita (en un intento de dotar de dinamismo a la historia y no por ansia de protagonismo), la profundidad de sus entrevistas es tal que solo pueden ser el resultado de largas jornadas de comprensión, paciencia y esfuerzo.

Gran muestra de ello se aprecia en su libro “Cristo con un fusil al hombro”. Al empezar su lectura, uno puede pensar que es un conjunto deslavazado de reportajes sin cohesión alguna. Pero, tras terminar la última página, cada una de las partes va adquieriendo un nexo de unión definido: la resistencia ante una agresión injusta, el freno ante la mano de los poderosos que subyugan a los débiles por viles motivos, ya sean económicos o nacionalistas.

Kapuschinky, comunista reconocido, no duda en situarse en el lado de los que combaten por la libertad y, como es obvio, ofrece una opinión sesgada de las guerras en las que se ve inmerso. Estupendo, nadie le pide lo contrario. Lo que él relata son sus vivencias. También los conflictos sí, pero bajo su punto de vista. Sería muy egoísta enojarse con él por no aislarse completamente para tratar de explicar los conflictos de forma aséptica, sin posiciones ni favoritismos, solo hechos y causas.

Al fin y al cabo, como él mismo reconoce en sus viajes a Palestina, que vive una guerra eterna y actualmente vigente, a nadie le interesa los motivos de la guerra. Además, siempre hay facciones ocupadas en que el público desconozca las causas, manipulando los medios de comunicación a su conveniencia y sometiendo a la opinión pública a una dictadura de silencio e ignorancia.

En ningún momento de la Historia, la paz ha reinado en el mundo en su totalidad. La guerra siempre ha acompañado al hombre, pasando a formar parte de él y éste de ella. Hasta tal punto que nos hemos vuelto insensibles. Ya es algo normal en las noticias, en la cultura y en la política. Nuestra mirada hacia ella es de total indiferencia.

Sin embargo, dice Kapuscisky que “quien ha vivido una guerra es diferente al que no ha vivido ninguna”. Solo quien ha estado en sus entrañas es consciente de la atroz naturaleza de ésta, de su total inutilidad. Millones de dólares son derrochados en cada una de ellas para aumentar la mortandad y la eficacia de las armas. Dinero que podría ser empleado en salvar vidas, en vez de en causar muertes. “La humanidad pagará el despilfarro de la guerra con el hambre de África y de la India”, piensa Kapuscinsky mientras contempla un campo cultivado con los esqueletos de estas costosas máquinas.

Quizás, no haber vivido ninguna sea el motivo de nuestro desconcierto ante la justificación que el polaco hace de la violencia. Cuando uno lo ha perdido todo y solo puede luchar para evitar que otros lo pierdan, no le valen argumentos como los de “el fin no justifica los medios”. Alzarse en armas puede ser la única diferencia entre morir con libertad o vivir en la miseria y la esclavitud, ellos prefieren lo primero.

Por suerte, los defensores de la libertad pueden contar con mentes como la de Kapuchisnky, que cumplen el objetivo más auténtico del periodismo. Salvando las distancias, en algún momento de su lucha, periodistas como el polaco se asemejan a los guerrilleros que combaten por el legado de Guevara y Allende, pues su moral les hace arriesgar sus vidas por los motivos más nobles: destapar lo oculto, sacar a la luz las injusticias, enfrentándose al peligro y a la ignominia por la defensa de una causa justa.

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