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Herederos de un nuevo enfoque 3 junio, 2011

Posted by Producción UMH Grupo 19 in Carlos Carpallo Pericás, Grupo 19.
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Pese a beber de las corrientes del Nuevo Periodismo y de otros géneros innovadores que surgieron alrededor de los años sesenta, Ryszar Kapuscinsky creó un estilo propio que muchos han admirado e intentado seguir. Pero seguir a Kapuscinsky es distanciarse de él, pues la originalidad y la huida de toda forma preestablecida eran dos de sus principales señas de identidad.

Para entender de qué modo han influenciado sus escritos en el periodismo actual, los alumnos de la UMH han podido escuchar las teorías tanto de profesionales españoles de la altura de Olga Rodríguez, Ramón Lobo, Francisco Estévez y Amelia Serraller como de oriundos de la tierra de Kapuscinsky: Arkadius Lewiky, Beata Nowacka, Malgorzata Kolankowska y Jedzrej Morawiecki. “Las II Jornadas de Kapuscinsky” han sido dedicadas al libro “Cristo con un fusil al hombro”, uno de los más representativos del autor.

“El hambre es el primero de los conocimientos”, enunció Francisco Estévez, catedrático de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, citando a Miguel Hernández para contrastar la dura infancia del oriolano con la del polaco. El resto de la ponencia Estévez la dedicó a explicar por qué los dos tenían más cosas en común de las aparentadas a simple vista. Ambos eran comunistas, poetas y practicantes de un tipo de periodismo comprometido con la ideología a la que apoyaban, empeñando un papel activo en las causas que defendían.

Cuando llegó el turno de Arkadiusz Lewiky, el profesor de la Universidad de Wroclaw centró su discurso en argumentar los motivos por los que Kapuscisnky es el único autor polaco con proyección internacional. Para Lewiky,  su capacidad de glocalizar sus reportajes y extraer los dilemas universales que envolvían cada conflicto particular fueron las claves de su éxito. Otra de sus virtudes era la capacidad de hacer que su público se sintiese identificado con las personas que entrevistaba.

Sobrevolando ligeramente la trayectoria profesional de KapuscinskyAmelia Serraller, licenciada en Filología Eslava, investigadora y traductora de la Universidad Complutense de Madrid, habló sobre las cualidades que hicieron del reportero polaco lo que es hoy en día. “La capacidad para generar controversia es una de las claves del éxito de Kapuscinsky”, asegura Seraller, quien opina que “su obra es como una pirámide escalonada de peldaños superpuestos”. Cada uno de los peldaños a los que se refiere son las experiencias que vivió en las distintas culturas que visitó, las que forjaron su estilo y una visión propia del mundo.

Beata Nowacka, profesora ayudante del Departamento de Literatura Polaca de la Universidad de Silesia y coautora de la obra: “Kapuscinsky, una biografía literaria”, habló sobre las diferencias de las dos biografías que hay publicadas actualmente. Piensa que la biografía “non fiction”, pese a no estar del todo equivocada, ha sido creada simplemente para desatar polémica. Nowacka acusó a Domoslawski del mismo defecto del que éste acusa a Kapuscinsky, de usar una visión intencionada para describir al autor, utilizando la fama del reportero para labrar la suya propia.

A la mañana siguiente, el segundo día de las jornadas empezó con el discurso de  Malgorzata Kolankowska, periodista y profesora de la Universidad Wysza Szkoa Filologiczna we Wrocawiu de Polonia y subdirectora del Seminario, quien explicó la atracción que tenía Kapuscinsky sobre los países latinoamericanos, especialmente por las figuras de Guevara y Allende. Kolankowska describe la situación de América Latina de entonces como “un gran laboratorio del mundo”. Los medios de la izquierda y de la derecha miraban a esta tierra con las expectativas de que fuese allí donde se cumplieran sus teorías y experimentos. Unos con sus miras puestas en Allende, los otros en Pinochet. “los científicos no entraban en el laboratorio, observaban los resultados pero se mantenían alejados. América Latina era ese laboratorio”.

Jedzrej Morawiecki, reportero y profesor de la Universidad de Wroclaw, expuso los motivos y las consecuencias de la implicación del reportero en sus textos. Moraweki asegura que fueron las exigencias del mercado más que las artísticas las que, tras el inicio de su fama, hicieron que estuviese cada vez más presente en sus escritos. Esto podía deberse a “un pacto de confianza entre el lector y el reportero”. “Kapuscinsky es un buen ejemplo de la explotación de los símbolos”, afirma Morawiecki: “Sus descripciones y síntesis tienen que ver más con la cultura pop que con la observación científica de la realidad”. Sus editores quisieron explotar la imagen del reportero sensible, anticonsumista e izquierdista, pero a la vez la individualizada. “Hay que distinguir entre el periodismo secundado por un negocio y el que se hace con pasión”. Pese a todo, Morawecki piensa que Kapuscinsky es un referente del segundo periodismo.

Ramón Lobo y Olga Rodríguez se encargaron de concluir las jornadas al alimón. Alejándose de la figura del reportero y del resto de las ponencias, los periodistas se centraron en el actual panorama periodístico que vive nuestro país. Para ellos, la pérdida de la pasión que reina en nuestros días es debida a que los medios se pliegan a las exigencias del público, que demanda una información ligera y entretenida. De esta forma, se minusvalora al público, a quien se tiene como consumidor de basura, obviando la labor principal de los periodistas: ser la voz de la sociedad y su principal órgano de denuncia.

Olga Rodríguez piensa que para hacer un buen periodismo es necesario escapar de los estereotipos, pues “dificultan toda tentativa de llegar al otro, de comprender las razones de los protagonistas”. A través de ellos, “nunca entenderemos qué está ocurriendo” y se tenderá a la “estigmatización y al paternalismo”. Para Rodríguez, el auténtico periodismo cuenta con elementos de “observación antropológica de la realidad”,  aunque ello exija una dedicación exclusiva. “Hoy en día, se echa mano de las agencias de noticias, pero, pese al buen trabajo que hagan, la visión que nos dan es insuficiente”, afirma la periodista. Estas medidas se toman debido a la visión empresarial imperante, que busca abaratar los contenidos a toda costa, uniformando la información. Es una situación “para nada inofensiva” ya que roba espacio a hechos realmente transcendentales: “El deber de todo periodista es no quedarse en la anécdota sino dar respuesta a las grandes preguntas”.

Para finalizar las jornadas, Ramón Lobo se aventuró a adivinar lo que deparará el futuro del periodismo. “El papel no morirá tan pronto aunque, poco a poco, Internet le irá ganando terreno”. Sin embargo, Lobo solo sacó el tema para poder concluir que “el soporte no nos importa, lo importante es hacer bien nuestro trabajo”. El periodista de El País continuó argumentando las verdaderas funciones del periodismo: “es una profesión que te permite vivir muchas vidas en una”, y de la labor humana que desempeña: “a veces, para las víctimas, la justicia es simplemente poder contarte su historia, sentir que alguien les escucha”. Según el autor, el periodismo aporta mucho a la sociedad, aunque no de la manera de quienes lo idealizan: “Nuestro trabajo no consigue ningún cambio, con suerte te cambiará a ti mismo”.

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